JUEVES

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Oct...

Protección de bosques

¿El agua en Colombia alcanza para todos?

En la mente de los colombianos casi siempre ha existido una idea – no del todo cierta- de que el país es una de las potencias hídricas del mundo. Pero, como todos los mitos “urbanos” que nos rodean, esta afirmación tiene algo de verdad y algo de mentira.

 

Colombia, efectivamente, duró mucho tiempo siendo considerado el sexto país con más agua , pero según la Universidad Nacional en 2015, cuando no sólo se analizó la abundancia de este recurso, sino su calidad y disponibilidad para la población, cayó 18 puestos y terminó en el 24 lugar.

 

Su agua, aunque es mucha, no llega por igual a todos sus pobladores; sus ríos, aunque se extienden como telarañas por todo el territorio, han sido contaminados y con el cambio climático, los patrones de precipitación cada vez son más impredecibles y extremos.

 

De hecho, el Informe Nacional del Agua 2014, realizado por el IDEAM, muestra que en las cuencas Magdalena-Cauca y Caribe, donde vive 80 % de la población y se produce 80 % del PIB nacional, sólo está 21 % de la oferta hídrica superficial. Cifra que no sólo demuestra que uno de los mayores retos que tiene el país está en crear sistemas de acueductos, sino en proteger los ecosistemas que permiten que el recurso exista y mantienen su calidad.

 

Por esto cuando se habla de “seguridad hídrica”, se refiere a tres factores. El primero es una disponibilidad de agua suficiente para el abastecimiento humano, las actividades productivas y la protección de ecosistemas; el segundo es la capacidad para manejar este recurso de forma sostenible y con participación de los sectores que la usan, y tercero, mantener un nivel de riesgo que sea aceptable para los habitantes, la economía y el ambiente.

 

Si esto no sucede, un recurso que se cree abundante también se agota, como muchas veces ocurre en Colombia, donde sólo hay agua en buenas condiciones para 15 % de las personas.

 

¿Cómo está la salud de nuestras cuencas?

 

“Hablar de la salud de una cuenca depende de cuál es el interés que tengo”, explica Saulo Usma, coordinador del Programa de Agua Dulce de WWF, quien lleva gran parte de su vida estudiando los recursos acuáticos del país. “Mientras un ingeniero mide el caudal del río para conocer la cantidad de agua que tiene para generar energía en una hidroeléctrica, a un funcionario del acueducto le interesa, además, saber qué tan contaminadas están sus aguas, pues de eso dependen los costos de su potabilización”, agrega. Él, por su parte, se ha enfocado en estudiar la diversidad biológica que el agua genera y sostiene.

 

Para este especial sobre el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) Agua Limpia y Saneamiento, el biólogo detalla cuáles son los principales retos a los que se enfrenta cada una de las cinco grandes macrocuencas del país, que están muy ligados al ODS 3 sobre Salud y Bienestar.

 

Magdalena - Cauca, en delicado estado de salud

 

Además de estar ubicada en una de las zonas más pobladas, esta cuenca recibe las aguas residuales e industriales de más de 15 millones de colombianos, que muchas veces llegan a los ríos sin ningún tratamiento.

 

A esto se suma que en los últimos 30 años, 42 % de sus bosques fueron talados, la minería ha contaminado sus ríos y la sobrepesca disminuyó la mayor fuente de ingresos económicos de muchas de las personas que viven en sus riberas.

 

Los principales humedales de la cuenca se secaron para hacer carreteras, agricultura industrial y ganadería, con lo cual desapareció la función amortiguadora que tienen estos ecosistemas en épocas de invierno, donde el exceso de agua desborda los ríos e incrementa las tragedias sociales y económicas que año tras año viven sus habitantes.

 

Estas amenazas han logrado reducir la principal fuente de proteína de los pobladores de las riberas de los ríos Magdalena y Cauca: los peces. La producción pesquera de la cuenca Magdalena pasó de 80 mil toneladas en 1974 a menos de 10 mil en 2000.

 

Orinoco, a tiempo de salvarse

 

“Lo que está pasando en el Magdalena, ya está empezando a verse en la Orinoquia, porque gran parte del desarrollo petrolero y agrario del país se está enfocando en esta región”, afirma Usma.

 

Los cultivos industriales, como la palma de aceite, el arroz y las plantaciones forestales, están cambiando el uso del suelo; además, la construcción de diques y carreteras para extraer petróleo está interrumpiendo los flujos naturales del agua entre las sabanas inundables y sus ríos.

 

“En periodos de invierno las lagunas logran conectarse con los ríos permitiendo el paso de muchas especies de peces migratorios, esto es lo que conocemos como las subiendas de peces, pero como este proceso está siendo interrumpido estamos presenciando una disminución del pescado”. Los desembarcos de pescado en la Orinoquia pasaron de cerca 7.500 toneladas en 1996 a menos de mil toneladas en 2009, según datos del Instituto Humboldt y la autoridad pesquera AUNAP.

 

Caribe y los desvíos de caudales

 

“Lo que más nos preocupa es la minería en los cauces de sus principales ríos, la deforestación para ganadería y cultivos industriales de banano y palma de aceite.

 

En La Guajira es preocupante la desviación de ríos, que muy probablemente incrementará los problemas de acceso al agua y nutrición en una de las zonas con gran mortalidad infantil. La calidad de las aguas tiene una relación directa con muchas enfermedades gastrointestinales y la reducción de la pesca, pues limita el acceso a la provisión más económica de proteínas para sus habitantes”, explica Usma.

 

De hecho, se cree que en el ámbito mundial cerca de 1.000 niños mueren a causa de enfermedades diarreicas relacionadas con el agua y saneamiento.

 

Pacífico y Amazonia, amenazadas por la minería

 

Para Usma, las cuencas del Amazonas y de la Vertiente Pacífico tienen riesgos parecidos, pues sus selvas y ríos están siendo amenazados por la minería, especialmente de oro.

 

“La situación es muy preocupante para la salud de sus pobladores, si tenemos en cuenta que para la explotación de oro se usan grandes cantidades de mercurio (a nivel nacional, 205 toneladas de mercurio se vertieron en suelos y ríos). Cuando el mercurio entra en los peces y a través de ellos a nuestros cuerpos, nos causan graves problemas de salud. Por ello es urgente que nuestras autoridades gubernamentales comiencen a evaluar y monitorear este tipo de contaminación, especialmente en los peces que estamos consumiendo los colombianos”, afirma el biólogo.

 

¿Estamos a tiempo?

 

Aunque muchas cifras sobre la contaminación y disponibilidad de agua a nivel nacional son alarmantes, todavía estamos a tiempo de recuperar el camino.

 

“Falta mucha información a nivel local y nacional sobre los recursos hídricos y biológicos, pero una vez tengamos un diagnóstico de la salud de cada cuenca (igual que hacen los médicos con los humanos) podremos identificar las causas de la enfermedad y realizar los mejores tratamientos para reducirla. Saber, a través del monitoreo, si están recuperando su salud y si podemos seguir aprovechando sus recursos de forma sostenible”.

 

Mientras tanto, uno de los retos más importantes en los que debe concentrarse el país es volver a encontrar esa conexión que tal vez la ciudad nos ha hecho olvidar: que el agua que usamos para bañarnos, generar energía y cultivar los alimentos, no viene del grifo, sino de los ecosistemas.

 

Por eso es vital que ecosistemas clave, como los humedales, selvas, bosques y páramos, sean protegidos, y que se implementen medidas de adaptación y mitigación al cambio climático. De otra manera, fenómenos como El Niño o La Niña terminarán convirtiéndose en catástrofes.

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